LA FALTA DE CREDIBILIDAD EN LAS INSTITUCIONES

Falta de credibilidad en las intituciones

LA FALTA DE CREDIBILIDAD EN LAS INSTITUCIONES

la incredulidad

LA FALTA DE CREDIBILIDAD EN LAS INSTITUCIONES

Los colombianos hace tiempo habíamos perdido la fe en algunas instituciones. Y sin tener intenciones políticas, hay que señalar que la más desacreditada es la clase política, por obvias razones, pues escándalos de corrupción como el de los Moreno, los Ñoños, Merlano, Besailes, Lyons, y demás, a ello han llevado. Pero aún se albergaban esperanzas y confianza en instituciones como la Fuerza Pública, la Justicia, incluyendo la Fiscalía, y la Iglesia Católica.

Pero esa confianza se viene desmoronando. En la Iglesia Católica, el tema de los curas pederastas ha causado un daño inmenso. La Fuerza Pública, por el tema de los llamados falsos positivos, se vino en barrena, y la baja moral que las campea, luego del llamado proceso de paz con las FARC, que les ha hecho bajar la guardia, y muestra de ello el reciente atentado en la Escuelas de Cadetes General Santander, les ha restado protagonismo y credibilidad. Y el fortín moral que quedaba, que llevaba a depositar toda la fe ciudadana en esa institución, en la Justicia, se vino abajo estrepitosamente.

El llamado cartel de la toga sí que ha causado un daño incalculable a la Justicia, como valor, como institución, y sigue haciéndolo, porque a nadie escandalizaba que de cuando en vez se supiera de algún funcionario de bajo nivel que pretendiera corromperse y vender la justicia, pero cuando llegamos al nivel de un Fiscal Anticorrupción nadando en el lodazal de la concusión, de la componenda, sirviendo de emisario de Magistrados de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, para vender fallos, para parar procesos, para eludir capturas, eso sí fue la tapa. Y ya tenemos a algunos exmagistrados en chirona, y otro plácidamente disfrutando en otro país, sin que tenga el más mínimo asomo de regresar a enfrentar un juicio.

Y si la cúspide se corrompe, que esperar de las bases. Pero parodiando una famosa frase de un comercial, hay que decir: Pare de sufrir. No se necesitaba de una costosa Consulta Anticorrupción, ni de una parafernalia de proyectos de ley, que todos se han hundido, que han paso sin pena ni gloria por el trámite legislativo. O de una reforma a la justicia, que por muchos gobiernos ha fracasado, y se ha cercenado en ese trámite, cuando no se ha hundido, como sucedió el año pasado.

Para servir e veedor de la actuación policial, se creó antaño la figura del Comisionado de Policía, que fue un estruendoso fracaso. La Procuraduría otrora era el “coco” de las Fuerzas Militares. Y tenemos una Comisión de Acusaciones en la Cámara de Representantes, que hasta ahora ha sido un remedo de justicia. Y la Justicia Penal Militar no se ha mostrado eficiente, amén de haberse llenado de uniformados que no son garantía de imparcialidad en una línea de mando. Y las condenas judiciales y del clero a sus pastores desviados, ha sido timorata.
Y para parar de sufrir, debe darse un vuelco total al control ciudadano, a la veeduría, a la movilización. Solo la sociedad civil, reclamando con fuerza, en forma airada y con ahínco, puede lograr sacudir ese marasmo, ese sopor que nos adormece.

Es necesario retomar la ética, la urbanidad, desde la cuna, desde el origen, desde
el hogar. La urbanidad de Carreño nunca debió dejarse de lado en la enseñanza.
Los padres de antaño no permitían que sus hijos llegaran siquiera con un borrador
que no les habían comprado, ahora llegan con un celular de alta gama y se hacen
los de la vista gorda. La educación es el arma más valiosa, y no será la panacea,
pero es el principio del cambio.

A ello hay que aunarle una reforma mínima a las calidades del servicio público,
donde se instituya la carrera en todas las áreas públicas, en la Policía y las Fuerzas
Armadas con un enfoque más profesional; en la Rama Judicial; en el Magisterio; en
los Órganos de Control. No más nombramientos a dedo, o para colmar apetitos
burocráticos. Que los mejores accedan al servicio público, y solo los mejores.

No más carruseles de nombramientos. Tú me nombras, yo te nombro, a tu familia
nombramos. Magistrados sin esposas o hijos en el Ejecutivo o en los Órganos de
Control. Una Procuraduría que se enfoque en su misión, que no asuma roles ajenos,
como es la intromisión como interviniente en el proceso penal, único sistema en el
mundo donde existe esa figura. Una Defensoría del Pueblo que fortalezca la
Defensa Pública, figura expósita, unos profesionales recargados de trabajo, sin
vinculación directa sino por unos paupérrimos honorarios por prestación de
servicios. Una Contraloría que retome el control previo en temas sensibles, como
educación, alimentación, obras públicas y salud, principales focos de corrupción,
pues imponer sanciones después de esquilmar el erario resulta algo pírrico. Una
carrera judicial estricta, con permanente retroalimentación y capacitación, y con
dedicación plena, pues se necesitan es funcionarios dedicados para superar la
congestión, más que reformas insulsas que nunca han dado resultado. Una Fiscalía
sin funciones judiciales, que dependa del Ejecutivo o actúe como órgano
independiente.

Todavía existe oportunidad para que cese la horrible noche y llegue a todos
la luz.

AUTOR:

Dr. Hernán Eugenio Yassín Marín

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